La historia de la esterilidad va unida a la historia de la humanidad. Si nos remontamos a la Venus de Willendorf, encontrada en un yacimiento prehistórico, podría tratarse de una alegoría a la fecundidad y figura femenina. En el Nuevo Testamento, se señala que la mujer estéril era repudiada y despreciada por su esposo y por toda la sociedad. En la antigua Mesopotamia, al varón le era permitido adquirir una segunda mujer cuando la primera era estéril. Y en la Grecia clásica, la esterilidad era producto de la cólera de los dioses.
El avance de la ciencia médica durante la segunda mitad del siglo XX comenzó a ofrecer soluciones a las parejas afectadas por la esterilidad. En el pasado, todos los esfuerzos se centraban en el estudio y tratamiento de la mujer. Actualmente sabemos que la incapacidad para tener un hijo no siempre es debido a una infertilidad o esterilidad femenina, en ocasiones el problema proviene del hombre y, en menor porcentaje a ambos miembros de la pareja, es decir por combinación de factores masculino y femenino.
Muchas parejas viven con una angustia contenida el deseo de ser padres pero no lo pueden materializar y debido a ello, aparecen diversos sentimientos como por ejemplo: frustración, tristeza, ansiedad, depresión, rabia o ira. Otro sentimiento que puede aparecer es el de “culpa”, ya sea por autoinculpación, cuando uno mismo es el que presenta el problema, o bien por culpabilización del otro miembro de la pareja.
Ante este bombardeo de sentimientos, la pareja se excusa para no acudir a algunos acontecimientos sociales o familiares donde otras parejas ya han formado una familia con niños, ya que esto les hace sentir que ellos son los únicos que no lo han conseguido y lo injusto de la situación que viven.
La sociedad sigue considerando la infertilidad como un tabú y, muchas parejas ocultan su problema a los familiares y conocidos. En la mayoría de las ocasiones existe un silencio familiar y social, pensando que algo tan personal y privado es propiedad de la pareja. Por ello, en algunos casos, existe la dificultad en acudir a un especialista para explicar su intimidad personal, emocional y sexual.
Cuando la pareja se decide a acudir a un centro especializado para iniciar un tratamiento, ambos miembros, y en especial la mujer, tiene una elevada incidencia de ansiedad, depresión, angustia, irritabilidad e impotencia, debido a la presión social que sufre, sobre la que se ha volcado la responsabilidad de la infertilidad.
Muchos hombres asocian, de manera errónea, la fertilidad a su masculinidad, de tal forma que en algunos casos, cuando se encuentran sometidos a un estudio por infertilidad, con frecuencia reaccionan con rechazo o agresividad ante el equipo médico, lo cual debe entenderse como un mecanismo de defensa ante la ansiedad.
La esterilidad es cosa de dos y no soluciona nada buscar culpables. El resentimiento no conduce a nada, sólo lleva a la pareja a malgastar energías de manera inútil y a reducir la confianza así como el mutuo apoyo, imprescindibles en estos momentos.
Resulta más sano y constructivo pensar en las soluciones y, si la pareja considera la situación como desbordante, es necesaria la ayuda y apoyo psicológico de un especialista.
Esterilidad y Medicina de la reproducción
Leer más























COMENTARIOS RECIENTES