Se conoce como erección del pene al estado en el que el pene se vuelve rígido, aumentando de tamaño, debido a que su tejido interno se llena de sangre. Las erecciones suelen ser consecuencia de excitación sexual, aunque también se presenta en ocasiones en las que no existe estimulación táctil y/o psicológica. El mecanismo primario que hace posible una erección es la dilatación de las arterias que suministran sangre al pene, las cuales permiten de esta manera el paso de más sangre para llenar el tejido esponjoso y eréctil de las tres cámaras internas, causando aumento en el tamaño del pene y rigidez en el mismo.
El tejido eréctil, ahora ensanchado, presiona las venas, impidiéndoles llevarse demasiada sangre. Es más el líquido que entra al pene que el que sale del mismo hasta llegar a un equilibrio, en el que fluye el mismo volumen de sangre a través de las arterias dilatadas que a través de las venas comprimidas, por lo cual el tamaño definitivo en erección del pene no es adquirido sino hasta alcanzar dicho equilibrio. La erección hace posible el coito, pero no es indispensable para todas las actividades sexuales.
Una vez que la excitación sexual termina, el pene retorna a su estado de flacidez, debido a la estimulación de las fibras nerviosas simpáticas que dan lugar a la contracción del músculo liso de esas arteriolas que entonces se cierran y ya no llega tanta sangre al tejido eréctil y el exceso de sangre ya existente es vaciado lentamente a la circulación venosa.
La falta de erección del pene (antes llamada impotencia y actualmente denominada disfunción eréctil) puede tener múltiples causas, que van desde lo psicomático (las más frecuentes) hasta enfermedades de tipo vascular o sistémicas.
Esimer
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